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Aire acondicionado en hospitales, hoteles y edificios Desde el punto de vista técnico de la climatización, las condiciones que hay de cumplirse en un hospital abarcan cuatro sectores: a)Salas de operaciones, sus locales de preparación y anexos, para climatizar. b)Otros locales de tratamiento, sección fisio-terapéutica y la de rayos X, para climatizar o ventilar. c)Salas de enfermos que han de permanecer en cama, para climatizar. d)Otros locales diferentes, donde no permanecen los enfermos de un modo continuo, para ventilar y eventual-mente refrescar o humedecer. La necesidad de climatizar las salas de operaciones no puede ser puesta en duda hoy día: la climatización forma parte directamente de la intervención, lo mismo que el instrumental de cirujano. Por consiguiente, en este caso la instalación de climatización tiene un gran número de funciones: sirve para mantener una temperatura determi-nada, que favorece la curación del enfermo, regulada por el médico en cada caso particular o según el género de intervención. El márgen de regulación suele estar comprendido entre 20 y 24º C. La climatización asegura también el aireamiento del local y facilita de este modo el trabajo del médico y de las enfermeras, lo que resulta apreciable en grado sumo, debido a la gran responsabilidad que tienen, sin olvidar la tensión nerviosa de los operadores y el malestar que provoca el vestuario profesional. Otra función importante de la climatización es la de evitar la formación de mezclas explosivas en el aire, debidas al empleo de los narcóticos actuales. La entrada de aire fresco produce una dilución suficiente de los gases liberados. Como las concentraciones necesarias para la anestesia suelen estar, en todos los narcóticos, en su zona de explosión (éter, hasta el 5%; etileno, hasta el 80%; ciclopropano, hasta cerca del 30%), es indispensable prever -además de evitar la posibilidad de cualquier descarga electrostática- un movimiento intenso y efectivo del aire en toda la extensión del local, para diluir la mezcla de gas hasta una concentración que deje de constituir un peligro, y aspirando simultáneamente ese gas.
La instalación de climatización debe mantener así mismo un contenido de humedad en el aire suficiente para eliminar inmediatamente las cargas electrostáticas y evitar con ello el peligro de explosiones del gas narcótico. La realización de una humectación óptima del aire secunda de este modo las medidas que se toman dentro de ese mismo orden de ideas, y que son: ejecución de un pavimento buen conductor de la electricidad; elección sobre todo la mesa de operaciones y la que se usa para el aparato de anestesia; uso, por parte del personal, de calzado conductor y de vestuario que no pueda cargarse con electricidad estática. Una humedad relativa del aire cercana al 60% es aún soportable en la práctica, tanto por el enfermo como por el personal de la sala de operaciones. Si se mantiene el límite inferior asegura aún una conductividad suficiente del aire.
Para la purificación del aire es muy apropiado un filtro eléctrico, gracias a su gran potencia de selección, a su resistencia siempre sensiblemente constante y al poco espacio que ocupa. Únicamente la necesidad de climatizar las salas de enfermos que han de permanecer en cama suele plantearse en un hospital situado en el campo, que no puede compararse con el de la ciudad en cuanto a cantidad de polvo en el aire, al ruido, etc., situaciones éstas inherentes a los conglomerados industriales.
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El suministro de grandes cantidades de aire frío a recintos bastante separados presenta varios problemas. El primero de ellos es que debido a la distancia recorrida, el aire absorbe algún calor. Además, este suministro es difícil de regular cuando se desea un confort individual. Por estas razones, los sistemas de gran capacidad más modernos emplean diferentes modos de distribución del aire acondicionado. En un sistema moderno típico, una unidad central de ventilación suministra aire, frío y deshumectado o bien caliente y humectado a cada habitación a través de un sistema de conducciones. Estos conductos, que son mucho más pequeños que los de un sistema de aire acondicionado exclusivamente, permiten obtener un mayor rendimiento y una mejor uniformidad de la distribución.
Las principales funciones del sistema central son suministrar la humedad adecuada a las habitaciones sin afectar a la temperatura deseada por sus ocupantes y además entregar aire fresco y filtrado. Las funciones de un acondicionador de aire para habitación son elevar o reducir la temperatura de la habitación de acuerdo con los deseos del ocupante y filtrar el aire recirculado. Por lo tanto, el encargado del edificio puede regular la ventilación y la humedad de todas las habitaciones en función del estado del tiempo. Al mismo tiempo, a cada habitación puede enviarse agua fría (unos 10º C) en verano y, en invierno, agua caliente (de 30 a 60º C). El ocupante regula el aforo de agua y, de esta manera, tiene un control directo sobre la temperatura de la habitación. El aire suministrado por el sistema central de ventilación está a la temperatura deseada o bien muy cercana a ella (17 a 20º C en verano y 26 a 28º C en invierno) Los compresores de los grandes sistemas comerciales tienen capacidades comprendidas entre cincuenta y varios miles de toneladas (1 ton= 0.839 kilocalorías por segundo). Su principal función es enfriar agua, a pesar de que también pueden calentarla funcionando como bomba de calor, invirtiendo el ciclo. No obstante, el principio de funcionamiento es el mismo para los sistemas centralizados de gran capacidad que para los acondicionadores de habitación.
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